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    Tomar leche ¿sí o no?

    Tomar leche ¿sí o no?

    El consumo de leche ha descendido en nuestro país hasta un 15%, hecho provocado por supuestos estudios y ponencias que desaconsejan el consumo de leche en edades adultas. El “culpable” original de este cambio de tendencia parece ser un contenido en el blog del Centro de Salud Pública de la Universidad de Harvard, que apunta que, aunque el calcio es necesario, la leche no es la mejor de las maneras en la que podemos administrarlo a nuestro cuerpo. Sin embargo, otras instituciones como la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria recomienda el consumo de 2 a 4 raciones diarias de leche. ¿Quién tiene la razón?

    Para saber por qué dos instituciones respetables como éstas se contradicen en sus conclusiones, debemos aprender un poco sobre anatomía e historia.

    Lactasa, lactosa,glucosa y galactosa

    La lactasa es una enzima que se produce en el intestino delgado durante la infancia de las especies mamíferas y va desapareciendo de manera gradual conforme el cuerpo madura. Esta enzima tiene una función fundamental para determinar si somos tolerantes o no al consumo de leche: es capaz de dividir la lactosa, el azúcar compuesto presente en la leche, en sus dos azúcares simples: la glucosa y la galactosa. Estos azúcares simples son, por separado, fácilmente asimilables por nuestro aparato digestivo.

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    Para los más gráficos, esto es lo que hace la enzima lactasa de nuestro cuerpo con la lactosa, el azúcar de la leche

    La ganadería, causante de que empezáramos a consumir leche de vaca

    Ahora vamos a por la lección de historia: en la anigüedad los hombres eran cazadores y se alimentaban principalmente de vegetales y carne. No fue hasta  la edad media cuando el humano desarrolló la ganadería y la habilidad para diagnosticar animales, lo que le llevó a aprovechar para el consumo otras partes del animal,como su leche. La propia selección natural ha hecho que, con el paso de los siglos, el cuerpo humano se haya adaptado al consumo de leche produciendo lactasa durante un periodo de tiempo más prolongado. Los habitantes de Europa, más concretamente los balcánicos, fueron los primeros de la historia en empezar a tomar leche (hace 7.500 años); por eso su tolerancia es mayor. Se calcula que en un 75% de los afroamericanos son intolerantes a la lactosa, porcentaje que asciende al 90% en Asia. Si como argumento para defender el no consumo te dicen que el hombre es el único animal que bebe leche de otro animal y en su edad adulta, la respuesta correcta es que somos el único animal que ha desarrollado técnicas para ordeñar a otro. La prueba está en lo feliz que un gato, perro o cualquier otro animal doméstico se bebe un plato de leche si se lo servimos.

    Mapa de tolerancia a la lactosa en el mundo

    Mapa de tolerancia a la lactosa en el Mundo

    ¿La leche es buena o mala para el organismo?

    Resuelto ya el misterio de la contradicción de las instituciones, entremos en materia. La leche, como todo, tiene sus ventajas y sus inconvenientes; el secreto está en no consumirla de manera excesiva. Es importante apuntar que durante los primeros 12 meses de vida debe consumirse leche materna o fórmula, ya que nuestro cuerpo no está preparado para asimilar la leche de vaca durante este periodo.

    La lógica nos dice que el consumo elevado de leche en edades adultas puede provocar sobrecalcificación. Otra de las contraindicaciones del consumo excesivo puede provocar mucosidad en nuestro organismo, debido a la caseína, un complemento presente en la leche de manera natural que se usa en la fabricación de pegamentos por su fuerza de adhesión y resistencia al agua. Este es el motivo por el que los médicos desaconsejan el consumo de leche cuando padecemos gripe o tenemos mucosidad acumulada en la garganta.

    Sin embargo, los expertos coinciden en desaconsejar el abandono total del consumo de leche de vaca, dada la cantidad de nutrientes que aporta a nuestro organismo.En el blog científico Dimetilsulfuro se afirma que “Los estudios prospectivos de los últimos años indican que los beneficios del consumo de leche probablemente sean más importantes que los riesgos que esto conlleva”. Un estudio del especialista Ian Givens apunta a que las personas que consumen leche están más protegidas ante posibles derrames cerebrales gracias al calcio y el potasio, que aportan flexibilidad a las paredes de las arterias, evitando la formación de coagulos.

    En cuanto al colesterol y la superstición de que el consumo de leche aumenta los niveles, se puede concluir que la grasa láctea aporta un colesterol más saludable que otras grasas, al tener una partícula más pequeña, según un estudio de la Univdad de Investigación de la Arteriosclerosis, en Suiza. Otro argumento en contra suele ser la diabetes, cuando varios estudios han logrado demostrar lo contrario.

    El engaño de la leche sin lactosa

    Tal y como explicamos anteriormente, la lactasa es la enzima capaz de dividir la lactosa, el azúcar doble de la leche, en sus dos compuestos simples: la glucosa y la galactosa. Las personas que carecen o producen esta enzima en muy poca cantidad son intolerantes a la lactosa y, por lo tanto, incapaces de digerir la leche normal. Para ellos expresamente está pensada la leche sin lactosa, que se obtiene añadiendo lactasa a la leche de vaca normal romper la lactosa en sus dos componentes simples. Como curiosidad, esta leche es más dulce porque los azúcares simples tienen un poder endulzante más directo que el de los azúcares dobles.

    Pero entonces, ¿es más fácil de digerir esta leche para las personas que fabrican la suficiente lactasa en su organismo? La respuesta es NO. Aunque la leche sin lactosa se venda como “de fácil digestión” o “más ligera”, lo cierto es que, si no padecemos intolerancia a la lactosa nos será indiferente tomar esta leche o la de vaca. Una vez más, el marketing manda y estas especificaciones sólo pueden verse en la letra minúscula que aparece a toda velocidad en los anuncios de televisión.

    Ante este descubrimiento, lanzamos una pregunta al aire: si bebemos leche sin lactosa sin necesitarla, ¿no nos acabaremos volviendo intolerantes a la lactosa? ¿dejará de producir lactasa nuestro cuerpo cuando no deje de necesitarla?

    Alternativas vegetales a la leche

    – Soja: La denominada “leche de soja” no es tal. Su composición lleva un extenso proceso en el que las características naturales del producto se alteran y aditivan (con productos como  el agar-agar o la goma guar) para que sea digerible y parecido a la leche, pero aún así es radicalmente diferente y en ningún caso es capaz de aportar al cuerpo los nutrientes que sí aporta la leche de vaca; aunque no contiene colesterol y sus grasas son de origen vegetal. Este pro se vuelve contra cuando hablamos de proteínas, ya que las de origen animal son de mucha mejor calidad. La soja contiene también, como la lactosa, dos azúcares: la rafinosa y la estaquiosa; sin embargo, ninguna de estas dos es asmiliada por nuestro sistema digestivo, por lo que en muchas personas su consumo puede causar malas digestiones. Existen opiniones encontradas en la comunidad científica internacional sobre si su consumo es positivo o no para el cuerpo humano.

    – Arroz: La leche de arroz no contiene calcio ni proteína, aunque tampoco colesterol ni lactosa. Aunque su proceso de fabricación original es totalmente natural, las marcas comerciales suelen procesarla para añadirle vitaminas y calcio. Estas mismas características pueden atribuirse a otras leches de grano, como la de avena, quinoa, espelta o centeno.

    – Leche de almendras: se consigue con almendras molidas o pasta de almendras y no contiene lactosa. Sus valores proteicos son inferiores a los de la leche animal y de origen vegetal, por lo que la proteína es de menor calidad. El colesterol que podemos encontrar en las almendras, por su parte, es menos dañino que el animal. Su valor en calcio es de 8 miligramos por cada 250 mililitros, frente a los 300 miligramos por 250 mililitros que podemos encontrar en la leche de vaca, según nos explican en el blog Body+Soul.

    En conclusión, si no somos intolerantes a la lactosa y vivimos en Europa, podemos tomar entre 2 y 4 vasos de leche de vaca al día sin temor. Una cantidad mayor puede provocar problemas en nuestro organismo y el consumo de leches vegetales no nos aporta los mismos nutrientes. Además, si no queremos castigar a nuestro bolsillo innecesariamente, debemos evitar el consumo de leche sin lactosa a no ser que la necesitemos.

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